Estudio revela que los habitantes del Atacama valoran el desierto más allá del agua: identidad, vida y justicia ambiental también son servicios ecosistémicos


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Investigación publicada en Discover Sustainability entrevistó a 201 residentes de la cuenca del río Huasco para mapear qué beneficios de la naturaleza importan a las comunidades locales y por qué, aportando evidencia clave para la política ambiental chilena.

 

Santiago, abril de 2026. Un nuevo estudio científico publicado en la revista Discover Sustainability arroja luz sobre algo que los modelos económicos tradicionales han ignorado: para las comunidades que habitan la cuenca del río Huasco, en la Región de Atacama, la naturaleza no solo vale por el agua que entrega o los cultivos que permite. Vale también porque es parte de su identidad, de su historia y de su forma de vivir juntos.

La investigación, firmada por Claudia Cerda, académica de la Universidad de Chile, e Iñigo Bidegain, investigador de la Universidad de las Américas, ambos integrantes del Grupo de Investigación Ecología, Naturaleza y Sociedad (ECONAS), es uno de los pocos estudios de valoración no económica de servicios ecosistémicos realizados en zonas áridas de América Latina, una región que concentra ecosistemas frágiles, comunidades vulnerables y conflictos socioambientales crecientes.

 

El agua lidera, pero no lo es todo

A través de 201 entrevistas semiestructuradas aplicadas entre noviembre de 2023 y abril de 2024 a lo largo de toda la cuenca, desde la costa hasta el altiplano andino, el equipo preguntó a los residentes cuáles eran las "cosas buenas" que el valle les entregaba. La decisión de evitar el lenguaje técnico fue deliberada: permitir que las personas se expresaran en sus propios términos reveló una diversidad de beneficios que los enfoques expertos tradicionales difícilmente habrían capturado.

El agua para la agricultura encabezó la lista con un 60,9% de menciones, seguida de las actividades recreativas (48%) y el agua potable (39,6%). Sin embargo, el hallazgo más significativo fue la alta frecuencia con que los entrevistados mencionaron beneficios no materiales: el 39,1% señaló espontáneamente que "el valle es vida" como un valor en sí mismo, el 27,2% mencionó la identidad y el sentido de pertenencia al territorio, y el 24,8% valoró la mera existencia del valle, independientemente de su utilidad.

"Si hubiéramos preguntado solo a expertos, habríamos obtenido una imagen muy limitada de lo que este ecosistema significa para la gente", señala Cerda, investigadora principal del proyecto. "La voz de las comunidades revela dimensiones que son invisibles en los inventarios técnicos pero que son fundamentales para cualquier estrategia de gestión ambiental."

 

Tres maneras de valorar la naturaleza

El estudio también clasificó los argumentos que los entrevistados usaron para explicar por qué los servicios ecosistémicos les importan, siguiendo el marco del IPBES (2022), que distingue tres tipos de valores:

•  Valores intrínsecos (43,2% de los argumentos): la naturaleza importa por lo que es, no por lo que entrega. "Los humanos somos parte del ecosistema; no somos superiores a él."

•  Valores instrumentales (36,5%): la naturaleza importa por sus beneficios materiales. "Vivimos de la agricultura; nos permite cubrir nuestras necesidades básicas."

•  Valores relacionales (20,3%): la naturaleza importa porque articula comunidad, identidad y vínculos entre personas. "Es para el medioambiente, para la familia y para mantener una buena calidad de vida."

 

Justicia ambiental y cohesión social: hallazgos que van más allá del ecosistema

Uno de los aportes más originales del estudio es la conexión que establece entre las motivaciones personales de los residentes y el tipo de valores que expresan. Mediante modelos logísticos, los investigadores encontraron que quienes otorgaban mayor importancia a la distribución justa de los beneficios ambientales —como el agua, el aire o los nutrientes del suelo— tendían a articular significativamente más argumentos relacionales al hablar de los servicios ecosistémicos. En cambio, quienes privilegiaban la seguridad ciudadana sobre la conservación ambiental, o quienes mostraban motivaciones de poder social, expresaban menos este tipo de argumentos.

"Esto sugiere que los valores relacionales hacia la naturaleza emergen en contextos de conciencia sobre la equidad y la justicia", explica Bidegain. "Y que los modelos de gestión ambiental que ignoran estas dimensiones corren el riesgo de reproducir inequidades en lugar de resolverlas."

El estudio también encontró que la cohesión social fue mencionada espontáneamente como un beneficio del ecosistema: las personas señalaron que las buenas relaciones entre los distintos actores de la cuenca han sido históricamente la base de su capacidad de adaptación a sequías y conflictos por el agua.

 

Implicancias para la política pública chilena

Los investigadores destacan que el marco de Servicios Ecosistémicos utilizado en el estudio está alineado con el sistema de clasificación del Ministerio del Medio Ambiente de Chile y con los marcos regulatorios del nuevo Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP), lo que facilita la integración directa de sus resultados en estrategias de gestión territorial.

"Cualquier política ambiental en el Huasco que no considere las dimensiones culturales e identitarias de la relación entre las personas y su territorio tendrá serias dificultades para ser legítima y efectiva", advierte Cerda. "La agricultura tradicional, por ejemplo, no es solo una fuente de alimentos: es el soporte de una identidad territorial construida por generaciones."

El estudio también llama a fortalecer investigaciones que combinen perspectivas del marco de Servicios Ecosistémicos con el enfoque de Contribuciones de la Naturaleza a las Personas (NCP), para capturar de manera más completa los valores intangibles y culturalmente específicos que las comunidades atribuyen a sus ecosistemas.

 

Un aporte desde América Latina al debate global

La cuenca del Huasco enfrenta un escenario climático crítico: los modelos proyectan una disminución de precipitaciones de entre 20 y 30%, aumentos de temperatura de hasta 3°C y mayor frecuencia de eventos de calor extremo. En ese contexto, comprender qué valoran las comunidades y por qué no es solo un ejercicio académico: es información esencial para diseñar políticas de adaptación que sean ecológicamente sólidas y socialmente justas.

"Las zonas áridas y semiáridas de América Latina han sido históricamente subrepresentadas en la literatura sobre servicios ecosistémicos", concluye Bidegain. "Este estudio muestra que cuando se escucha a las comunidades, emerge una riqueza de valores y perspectivas que enriquece tanto la ciencia como la política pública."

 

Sobre la investigación

Título: Ecosystem services values and motivations in the Chilean Atacama region

Autores: Claudia Cerda & Iñigo Bidegain

Revista: Discover Sustainability (Springer Nature), 2026

DOI: https://doi.org/10.1007/s43621-026-02937-z

Financiamiento: ANID, Fondecyt N°1221789

Afiliaciones: Universidad de Chile / Universidad de las Américas / Grupo ECONAS

 

Contacto para medios

Grupo de Investigación Ecología, Naturaleza y Sociedad (ECONAS)

Web: www.econas.cl

Nota de prensa elaborada para difusión pública del artículo científico. Reproducción libre con atribución a los autores.

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